Illuha

Akari

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REVIEW: HAWAI (CL)

VISIT Un paisaje orgánico retratado con tonalidades grises y blancas, variaciones de un cromatismo que se distancia del anterior nada más que por una partícula de polvo y tizne que ensucia su forma, convirtiéndolo en un matiz irrepetible. Ruido acústico y detalles de luz eléctrica, las líneas del paisaje decorado con detalles de una sutileza extrema. A veces son los sonidos tenues quienes ilustran el ambiente de quietud inquebrantable, a veces es la naturaleza inmóvil quien rodea las melodías estancadas. El día emprende la retirada junto con su iluminación, el crepúsculo avanza y la noche la cubre. Las estrellas ya se han ido pero su luz permanece a millones de años de separación. El blanco es ahora gris obscuro, y el gris negro, y el negro una mancha blanca ennegrecida. Formas únicas e irresolutas de acústica natural desplegada sobre el suelo orgánico imperfecto. Cada paso un avance que significa internarse en los bosques frondosos y la vegetación urbana. Corey Fuller y Tomoyoshi Date han creado, en un tiempo relativamente breve, una obra personal la cual se nutre se sonidos recogidos en la tierra y el concreto, notas desperdigadas que las van trenzando hasta formar piezas de una belleza inusitada, piezas transmiten una incalculable sensación de paz entre la agitación, templos de introspección. Por separado ambos poseen referencias igualmente interesantes. Por un lado Corey, con unos cuantos trabajos para Dragon’s Eye y Autumn, el label de Greg Davis. Por su parte Tomoyoshi ya tiene tres obras para Flyrec, Own y Baskaru, además de ser parte de dos proyectos laterales, Melodía, junto a Federico Durand, y Opitope, junto a Chihei Hatakeyama. Una atractiva historia que se vuelve aún más fascinante cuando sus caminos entran en intersección, cobijados por Taylor Deupree y su editorial. Ese encuentro produjo “Shizuku” (12k, 2011) [174], “unos sonidos que tienen como imagen perfecta un jardín japonés. Un patio en el que se ubican las islas, rocas dispuestas en medio del recinto en el que se ubican. Y como ellas, forman trazos ondulantes cual arena desde la que se contempla la tranquilidad… un descanso, una parada en el constante movimiento”. Una primera declaración que sentó las bases en voz baja para un futuro esperanzador. Mientras se germinaba su continuación se desarrolló en el escenario aquellas composiciones de su primer libro. La separación fue entonces cercanía. A partir de las exhibición compartida –existe además un CDR destinado a ese tour de nombre “いるは” (2012)– nace “Interstices” (12k, 2013) [265]: “Emociones captadas en directo, que muestran cómo se genera la música. Emociones que avanzan a una velocidad pausada, justo en la forma opuesta a cómo avanza el mundo. “Interstices” son tres piezas que recogen presentaciones del dúo en Japón, pero que bien pueden verse como un trabajo nuevo que reutiliza sonidos viejos… Un intersticio es una hendidura o espacio que media entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo. Este disco, a pesar de ser concebido de esa manera, posee una entidad propia y autónoma. Entre esos espacios se cuela el sonido orgánico que crece de forma natural y espontánea. A veces es el crujir de la madera envejecida, a veces un río entre brotes húmedos, a veces sonidos restaurados que recuperan sus alientos aún vivos, “Interstices” resplandece como una flor en el bosque después de la lluvia”.

Luego de las primeras gotas que cayeron con la llegada del amanecer, y de aquella hendidura que media entre dos cuerpos creativos, el tercer espacio de reflexión audible aparece después de una temporada completa de elaboración, y todavía más, cruzando estaciones. “‘Akari es el primer álbum de estudio donde Illuha grabaron y mezclaron juntos, a lo largo de todo el proceso. El hermoso estudio st–robo en Tokio puso en sus manos una maravillosa colección de equipos, desde micrófonos vintage y equipos externos hasta una amplia colección de instrumentos, tanto acústicos como electrónicos. Sus sesiones de grabación fueron numerosas y largas con los detalles meticulosamente obsesionados por casi un año”. Cinco largas piezas presentadas de manera exquisita componen “Akari”, un fino trabajo de sonidos recolectados que se abstraen del mundo por un instante, creando el suyo propio. Texturas acústicas y naturaleza digital, este trabajo es una delicada obra sobre la fragilidad que se expresa a través de una música discreta envuelta en adornos que parecen dispuestos con una asombrosa espontaneidad. Cada elemento parece que está ubicado como por casualidad, no buscado sino encontrado, como quien descubre piedras gruesas en la arena delgada y las asienta junto a otras rocas, formando figuras fugaces junto a la misma arena desde donde fueron halladas, hasta que el agua salada las reordene. A menudo habían sido el piano, eléctrico –Rhodes, Wurlitzer– y acústico, y la guitarra los artefactos a partir de los cuales construían los rastros artesanales suyos. Ahora, la colección de objetos encontrados en el estudio/casa en la capital de Japón ayuda a enriquecer de forma substancial aquellos rastros. Además de lo antes mencionado: electrónica análoga y tratamientos, prepared + hammered piano, armonio, pianet, vibráfono, bajo, batería + percusiones, field recordings, found objects, cassette tapes, reel to reel tapes, Minimoog, Memory Moog, OP-1, etc. Largas composiciones donde afloran fragmentos desde los puntos más inesperados, escapándose de entre las fisuras que forman su estructura quebradiza. La apariencia de estos encuentros es que son simplemente unos bosquejos lanzados a la tierra fértil donde con el paso del tiempo la hierba crece de manera silvestre, cubriendo su exterior de musgo y vegetación. Sonidos susurrados, ambientes desnudos que permiten apreciar los quiebres contenidos y el soplo en la piel. Sonidos débiles y transitorios, y la discrepancia del polvo con la superficie gastada producen una saturación inconsistente, capturando un momento singular. Las cuerdas del nylon dibujan acordes rotos, una improvisación temerosa que rememora, de forma adyacente, a Derek Bailey, la libertad inagotable. Todo es perceptible, no solo el hilo estirado sino que también los dedos sobre la madera, unido a un estruendo sigiloso. Es la sonoridad de las cosas que se desplazan desde un punto a otro, y la fricción que produce el tránsito de estas. Las cuerdas siguen su curso detrás del fondo imperfecto, detrás de una amplia estructura manipulada y fibras de electrónica delgada. La poética del piano se refugia en todo esta arboleda de sonidos resquebrajados, a veces con figuras sólidas, a veces nada más que un eco de luz. Mientras escribo esto un rayo de sol ingresa en mí, por en medio de la ventana y el espacio que las hojas de una palmera aún joven le permite. El ruido que abriga a las melodías de piano adquiere otro significado, todavía mayor. “Diagrams Of The Physical Interpretation Of Resonance” y los diecisiete minutos absorben el tiempo en su integridad, un lugar de minuciosidad casual escarpada irrepetible. Esta obra fue creada entre abril de 2012 y noviembre de 2013. Los diecinueve meses de desarrollo están contenidos en esta fracción que es solo un instante en comparación. Las músicas recogidas crean un campo para las grabaciones en el cual florecen notas abandonadas y cuerdas que mueven timbres metálicos, un mecanismo de engranajes roídos al amparo del piano eléctrico: “Vertical Staves Of Line Drawings And Pointillism”, pentagramas verticales de armonías horizontales intrincadas. El laberinto tiene salida solo al entrar la fracción siguiente. “The Relationship Of Gravity To The Persistence Of Sound” demuestra que todo tiene un comienzo y un punto de referencia. A partir del ovillo desde el que se bordó “Shizuku” nace una hebra larga que se une a esta sencilla pieza. Guitarra, piano y la paz infinita, música clásica majestuosa que es una fuente viva de tranquilidad. “Structures Based On The Plasticity Of Sphere Surface Tension” se rodea de field recordings, aves que emiten melodías junto a instrumentos que emiten silbidos en medio de las algas bajo el nivel del mar. Los troncos corrompidos por la humedad serán el ritmo sobre el que se sostiene el resto de la estructura: suelo blando bajo materialidad pequeña. La luminosidad inagotable es algo que atraviesa todo este trabajo, luminosidad que se escurre con toda su levedad hasta el epílogo. “Requiem For Relative Hyperbolas Of Amplified And Decaying” Waveforms”, brillo eléctrico y saturación que avanza progresivamente, desde el silencio interrumpido por las cuerdas acústicas de tono crepuscular, llegando a un resplandor infinito que abrasa hasta convertir las hojas en cenizas de gris radiante.

Los sonidos retrasados de esta obra inacabada pero inacabable de electrónica orgánica dan forma y fondo a piezas de belleza inmarchitable. Blanco opaco y negro resplandeciente que se mezclan creando una aleación cromática única en la pintura de Samuel Estlin Fuller, tintes que cubren ambos lados del papel grueso que contiene el hermoso plástico. “Akari” es luz, brillo y ruido sutil que purifica, el crepitar frágil del paisaje silvestre.
Illuha
Akari