Marsen Jules

The Endless Change Of Colour

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REVIEW: HAWAI (CL)

“El misterio de nuestro día a día lentamente de escurre de nuestras vidas como una fotografía que desangra su color por el sol”. El encuentro cotidiano con nuestras vidas sin luz a veces impide poder maravillarse con la quietud que nos rodea y con las infinitas tonalidades que hay cerca nuestro. En el aire, en un paisaje desolado que se haya oculto tras el concreto, en una simple hoja que ha abandonado su árbol, en un papel desteñido por los años y sus días de calor, pueden haber incontables momentos que apreciar pero que, sin embargo, pasan delante nuestro sin que ni siquiera los hayamos notado. Hay tanto que mirar y, aún así, los días se escurren entre las manos como el agua. El alemán Martin Juhls es un artista que ya desde sus inicios mostró sus inquietudes hacia cierto tipo de electrónica, aquella que se recuesta sobre parajes vastos y capas de tonos que se diluyen lentamente sobre el horizonte y sus líneas sin fin. Uno de sus proyectos fue/es krill.minima, del cual alcancé a oír un breve trabajo a comienzos de la década pasada. Sin embargo, fue con Marsen Jules, el nombre que más reconocimiento le ha traído, con el que comencé a prestarle mucha más atención. Esos días de indagar, mucho más que ahora, en el amplio mundo de los netlabels me descubrió los paisajes de electrónica contemporánea y largos tonos. Primero fue “Lazy Sunday Funerals” (2003) y luego “Yara” (2004), ambos en Autoplate, el impecable sello alemán ahora extinto. Aquellos dos trabajos de piezas sin título ya escondían los misterios que guardan las obras de Juhls, ese ambient que tiene su raíz muy marcada en la música clásica. Desde ese momento en adelante ha ido desperdigando una serie de trabajos que ahondan en la quietud de los días agotados y el brote de las flores en primavera, los domingos flojos y contemplar la aurora en invierno.

“‘The Endless Change Of Colour’ existe en algún lugar entre nuestro futuro y los errores y accidentes que han sucedido a lo largo de nuestro camino”. Uno de esos accidentes inesperados que ocurren de vez en cuando ante nuestros ojos cansados es la aparición de Martin dentro de la etiqueta con sede en Pound Ridge. Toda una sorpresa y a la vez un agrado ver inscrito los sonidos del músico de Dortmund en 12k, entregándonos una obra mayúscula, amplia, que da cuenta de los muchos espacios que se refugian en la multitud. “The Endless Change Of Colour” es un trabajo cuyas ondas se dispersan sobre la superficie tersa del sonido a un ritmo pausado y sin interrupciones, con la mirada fija hacia un punto lejano, mientras se despliegan las notas inmóviles. “Tonos electrónicos arrullan con el calor y la suavidad del sueño”. Una única y solitaria pieza de cuarenta y siete minutos exactos que invita a dormir, y dejarse llevar por el ensueño y el letargo. Un sugerente viaje hacia los espacios que no conocen bordes, ajeno a toda prisa que interrumpa el estado de relajación y profunda serenidad a lo que estos sonidos someten. “The Endless Change Of Colour” puede ser como cualquiera de sus piezas de cualquiera de sus discos, por ejemplo, de “Herbstlaub” (City Centre Offices, 2005), y extenderla hasta el infinito y, aún más, adormeciéndola hasta que podamos ver cada uno se sus movimientos como si estuviese reflejado en cámara lenta. Y, no obstante, las cosas suceden ante uno sigilosamente. Un tono se superpone al otro en instantes que se distancian del siguiente en largos minutos, mientras los colores fallecen. “Ondas y pulsos se fijan dentro de un campo de color que a veces se siente como agua, a veces como aire y a veces como cristal”. Una de mis fascinaciones son, precisamente, los colores y sus múltiples tonos. Anteriormente, solo me atraían solo unos cuantos, muy específicos. Con el tiempo, aprendí a apreciarlos todos, casi sin distinción. Cada uno de ellos esconde algo especial, propio, desde los más suaves a los más intensos. Solo hay que descubrir ese poder que a veces poseen en la obscuridad en la que a muchas veces se apartan. Y uno de los motivos que produjo eso en mí fue el poder apreciar las infinitos puntos que existen entre un mismo color. Una vez que uno se interna en ellos fácilmente se puede extraviar. Las décimas de separación entre un tono y otro son fascinantes, casi indescriptibles. Interminables matices en un mismo lugar que, contempladas desde lejos, me hacen quedar absorto. Pues a eso se me asemeja esta pieza inagotable, a un mismo color y sus eternas tonalidades. Un solo movimiento que se desplaza por las distintas gradaciones cromáticas a través de un lente que convierte la traslación en una acción pausada, una bucólica corriente de tinturas y su decoloración.

“El último trabajo de Marsen Jules es una pieza de audio generativo sobre una sola frase de un viejo disco de jazz dividido en tres flujos de audio. Estos flujos son transformados en loops que rompen con la instrumentación original en sonidos que se asemejan a ondas puras, armónicos y sobretonos”. En la portada se puede apreciar distintas variaciones de un verde. En su reverso, como el naranja lo invade multiplicando esas variaciones, otro nuevo universo que se abre a los ojos. “Ondas y pulsos se fijan dentro de un campo de color que a veces se siente como agua, a veces como aire y a veces como cristal”. Un enrejado de sonidos que no se detienen jamás, una misma capa de ruido que se va destiñendo conforme avanza y se recuesta sobre el espacio, la nueva obra de Martin Juhls destaca por como, entre lo que aparenta ser sonido estático, introduce matices entre los matices. El cambio infinito del color, “The Endless Change Of Colour”: como arrojar pintura sobre el mar oceánico y mirar tardíamente como sus tonalidades se van decolorando.
Marsen Jules
The Endless Change Of Colour