The Boats

Ballads Of The Research Department

12k1068

REVIEW: HAWAI (ES)

VISIT El 2011 es solo ayer, pero ya nos parece tan lejano. Es ya 2012, una nueva temporada que contrario a lo que antes sucedía, no nos ha entregado tanto – de seguro, apenas escribo esto, las tiendas ya se hallarán inundadas de nuevos discos–, pero alegrémonos de que sea así y no vernos agobiados por exceso de publicaciones. Y como es nuevo año, nuevas canciones, en este caso, nuevas baladas, acompañadas de la fiel marca 12k, quien referencia tras referencia se confirma como una de la cimas entre los sellos que combinan la electrónica con lo acústico. Habiendo dicho esto, lo que ahora me dispongo a oír no es del todo ajeno. El “12k Sampler 002”, el segundo muestrario del sello, ya nos anticipaba, entre otras cosas, unos minutos escasos que presagiaban lo mejor. Solo seis que ahora se transforman en tres cuartos de hora que saben a gloria.

“Ballads Of The Research Department” es ya el décimo trabajo extenso de The Boats, una banda que ha transitado por las líneas que corren bajo la Inglaterra más popular, el vehículo que han encontrado dos músicos inquietos, incapaces de saciar sus angustias por una sola vía. The Boats son principalmente Craig Tattersall y Andrew Hargreaves. Este último edita también como Beppu y Tape Loop Orchestra, además de codirigir el sello Lacies, mientras que el primero es uno de esos personajes, que como un pequeño insecto volador, cuesta mucho seguirle la pista: antiguo miembro de Hood, publica bajo los nombres de The Remote Viewer, The Archivist, The Humble Bee, etc., codirige las etiquetas Moteer y Mobeer, además de ser el hombre detrás de esa exquisitez de sello llamado Cotton Goods. Para esta ocasión, como desde hace un tiempo, colaboran con Danny Norbury (cello), junto a las voces de Chris Stewart y Elaine Reynolds. Cuatro piezas largas en que se desarrolla una nueva forma de balada, entre ecos del pasado y rastros del futuro vivido. Se podría considerar esto, alguien podría hacerlo, como folktronica, pero hacer eso es quedarse corto. En esto hallamos folk y electrónica, pero también dub, música de cámara, pop, contemporánea, ambient, loops impuros. Forman parte de esa tradición que también integraban Hood, la que conforman esas mismas editoriales a las que se encuentran ligados, unos sonidos que parecen extraídos de unas cintas que alguien grabó hace muchos años atrás, con herramientas del futuro y luego escondió bajo el suelo, posteriormente rescatadas en ese mismo estado, pero derruidas por el paso del tiempo. Una pequeña caja negra canciones bajo un mar oceánico, ruidos cubiertos de musgo que han alcanzado el color perfecto, confundiendo naturaleza con artificialidad. Siempre han trabajado desde lo pequeño, manipulando pequeñas melodías en pequeños objetos, pero para su estreno en 12k han optado por el camino contrario: piezas amplias con inserciones minúsculas, desarrollos prolongados dejando que el tiempo fluya, el ritmo se explaye y sin que uno se dé cuenta nos encontramos perdidos en un bosque de sonidos dentro de un salón abandonado, habitado con huéspedes fantasmas. “Queríamos presentar la balada en una nueva forma empleando tanto sonidos como palabras para contar nuestras historias. Estas historias no son tan liricas como la forma de una balada en el pasado y están abiertas a la interpretación del oyente. Estas son baladas de nuestro tiempo conscientes del pasado. Son investigaciones sobre la incertidumbre de nuestro tiempo, el amor y la esperanza”. “The Ballad For Achievement” comienza como una lluvia de ruido, un manto de fría tristeza que da paso a tratamientos de cintas añejas, el cello aún más triste de Danny, y terminando en una suerte de click-hop. “The Ballad Of Failure” es la que nos venía desde fines del pasado año en aquel sampler. Probablemente sea pronto para decir esto, pero qué importa: esta es desde ya una de las canciones del año que no acaba de empezar. Una balada mecida entre tonalidades acústicas, baños de electrónica sutil, voces nubladas baterías cercanas, guitarras que sedan la piel que atraviesa por un lapso de ruidos microscópicos y regresa más etérea de lo que comenzó, tres canciones que son una, una canción que son tres, las tres mejores del año hasta ahora y por mucho más. “The Ballad For The Girl On The Moon” es la más espaciosa, más lineal si se quiere, con el cello de Norbury como eje central desde donde se insertan pianos, cadencias casi jazz, ondulaciones por las que se mueve un mismo tiempo y lugar. “The Ballad Of Indecision”, con la voz de Cuushe da el toque final con ritmos escondidos, primero como ambient pop, luego como música de cámara entrelazada con música para dormir niños en cuna hasta que esa voz en un japonés indescifrable pero siempre apacible desaparece en sí misma, se ahoga en su propio lago de susurros tímidos.

Han pasado solo cuarenta y seis minutos, los barcos se han ido y han dejado una sensación de que buenas cosas pueden pasar. Las Baladas del Departamento de Investigación han descubierto que una canción, del tiempo que sea, del lugar que sea, si está bien armada puede deparar un gran momento para descubrirse uno mismo, no solo para alejarse. Y si esa canción se encuentra arreglada, se recubre de la manera en que Craig, Andrew y cía. lo han hecho, pues ese momento se transforma en glorioso. Mi fe estaba depositada de antemano, desde que miré aquel extracto. Ahora que he visto el cuadro completo mi fe se ve reafirmada. He creído y seguiré creyendo en el poder curativo de la canción.
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Ballads Of The Research Department